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06 de octubre 2016
Discurso de orden a cargo del Dr. Roberto Gómez Baca, Alcalde de Santiago de Surco
Autor: Surco Mi Hogar

Muy buenos días,

Estimados vecinos de Surco, La Molina y la Marina de Guerra del Perú.

De manera muy especial al contralmirante, Rafael Zariquiey Núñez, director general de economía de la Marina de Guerra del Perú.

Al señor Harry Mac Bride Navea, regidor de la Municipalidad de La Molina, en representación del señor alcalde Juan Carlos Zurek;

Señores regidores de la Municipalidad de Santiago de Surco y de la Municipalidad de La Molina.

Señores integrantes de la Asociación Nacional Pro Marina del Perú.

Señores representantes de la Fuerza Aérea del Perú.

Señores representantes de la Policía Nacional del Perú.

Señores técnicos, supervisores, oficiales de mar y alumnos de la Escuela de Oficiales de la Marina de Guerra.

Estimados alumnos de los distintos colegios que nos acompañan el día de hoy.

Distinguidas damas y caballeros.

Para nosotros, en la Municipalidad de Surco, no deja de ser una tradición y una forma permanente de reconocer nuestros valores patrios, el promover e incentivar estas celebraciones nacionales. Ya sea cuando recordamos a Francisco Bolognesi y su heroicidad en el mes de junio; o en mayo, cuando recordamos la batalla de Iquique; y ahora en el mes de octubre, cuando conmemoramos el Combate de Angamos.

Siempre que hemos tenido la ocasión de hacer el uso de la palabra, he tratado de encontrar en la historia alguna forma de entender por qué hombres como Bolognesi, Grau, Quiñones, Mariano Santos, Andrés Avelino Cáceres, entre otros, nos convoca a reunirnos en su honor y hacer evidente esa heroicidad con diversos monumentos en plazas o nombrarlos en diversas calles y avenidas del Perú.

Quizá, si pudiera, por arte de magia, acabar con el ruido que nos ensordece el día de hoy, me encontraría con la tranquilidad y la paz para reflexionar sobre lo que significa el preámbulo de la heroicidad.

Si por un momento quisiéramos eliminar el ruido que nos rodea, quizá encontraríamos la paz y la tranquilidad del mar, y allí es donde me enfoco, porque hoy me encuentro ante tantos hombres de mar, ante tantos marinos, y quiero entender ¿Cuál es su vocación?, ¿Dónde está la esencia de ser un marino, de ser un hombre de mar?. Cuando en el mar, donde estás, en la formas que estés, con cualquier actividad que te vincules en el mar, siempre vas a estar en medio de la soledad. Estoy seguro que a los marinos en general, la soledad y la quietud del mar, debe ser una de sus pasiones, porque en medio del océano, en medio de la neblina, en medio del frío, en medio de esa naturaleza está tu voluntad, tu querencia, el amor que tienes por la naturaleza.

Un marino, estoy seguro, es amante de la naturaleza. Si es amante del mar, la quietud, la soledad, el viento y la tranquilidad, debe ser amigo de la naturaleza y un defensor de la ecología y del medio ambiente. Un marino también debe ser un amante de las estrellas, porque cuando el cielo debe estar despejado en medio de la noche, seguramente contemplará con admiración las estelas, las estrellas y todas las formaciones artísticas que la naturaleza le da a esa enorme visión.

Pero me pregunto, en ese silencio calmo del mar de Punta Angamos, a las 4 de la mañana, cuando Grau, en el Huáscar, y La Unión se dirigían del sur hacia el norte, si esa misma quietud, hacía oídos en su tranquilidad, en esos seis meses de escabullirse de las fuerzas chilenas y dar golpes certeros a los puntos estratégicos del país enemigo. Yo estoy seguro que ese amor por la naturaleza, ese amor por la soledad, se dibujaba en ese escenario de dos barcos o de una escuadra subiendo de sur hacia el norte, viniendo de hacer objetivos estratégicos del sur. Pero estoy seguro que esa misma quietud es la que vivió en su momento Miguel Grau y la tripulación del Huáscar. Se escondían, dicen algunos, en el sur. Nosotros estamos convencidos, de que obtenía fortalezas de sus limitaciones para seguir adelante, las ventajas en heroicidad, en virilidad para conseguir el objetivo, que incluso trajo a la destitución de un ministro de Guerra y casi la destitución y la inestabilidad en la sociedad política chilena.

Fueron seis meses los que justificaron toda esa heroicidad, pues el enemigo invasor no esperó nada más que acabar ese combate para poder disponer el proceso de ingresar a nuestra patria por vía terrestre a través de Pisagua.

Pero vuelvo al punto inicial, en el medio del silencio, en el medio de la tranquilidad, a las 4 de la mañana, en una madrugada seguramente neblinosa por ser octubre ¿Dónde está el punto que hace que una persona se convierta en héroe? ¿Dónde está la esencia de esa heroicidad que hace que hoy estemos como todos los años aquí al pie de su monumento, o tengamos calles, plazas con su nombre?

La historia que cuentan en el colegio quizá, es bastante simple. Veníamos del sur, subiendo hacia el norte y nos encontramos con tres acorazados chilenos.

Eran las 4 de la mañana, el silencio, la soledad, la calma, la adrenalina porque ahí empieza la diferencia entre los hombres que le gusta el mar y los marinos de guerra de mi país. ¿Cómo se transforma esa soledad?, ¿Cómo se transforma esa quietud en el rugido que deben hacer, en lo más fuerte de la hombría para entender que están siendo rodeados y convertir la tranquilidad, las estrellas y el mar en una bravura que te lleve a sentir que ha llegado el momento después de seis meses?

La estrategia te indica que hay que voltear y tratar de escabullir a los primeros tres acorazados. Pero, no pasa mucho tiempo para darse cuenta que otros tres blindados también lo estaban embistiendo y que en verdad, en esa madrugada fría del 8 de octubre, lo que estaba haciendo Chile era acabar con el mito, era acabar con la intranquilidad que le generaba un pequeño monitor con su gran y valeroso comandante.

En medio de esa soledad y ese silencio que quisiera trasladarles en este momento, eliminando por un as todo este ruido de vehículos que impide entender la esencia de la soledad y el silencio. Me imagino a Miguel Grau en la torre de mando tomando la decisión de decir, "vamos a enfrentarlo, vamos a ir contra el enemigo". Creo que ahí está el punto máximo de la heroicidad, en saber que llegó el momento, en saber que estamos al pie del cañón, en saber que es la hora que el destino nos ha preparado, en saber que es el momento de cumplir mis promesas, de cumplir lo que ofrecí.

Si no regreso al Callao con el Monitor Huáscar, o el Monitor Huáscar regresa al Callao, regresa con su comandante. Y si no regresa, el comandante no regresa, como quemar el último cartucho o como agarrar tu avión y tirarlo contra los ecuatorianos como Quiñones, o como agarrar tu bandera y tirarte del morro. Y darle paz a tu vida sabiendo que te envolviste en la gloria.

Entonces, en esa imagen de seis acorazados modernos financiados por Inglaterra alrededor de nuestro vetusto y antiguo pero patriótico Huáscar, Grau decide enfilar contra el más grande, contra el más poderoso de los seis. Entienden la envergadura de eso, decir, bueno son seis, yo soy uno.

Le digo al más pequeño, a mi hijo menor para salvar lo poco que queda del resguardo en las cosas. Tú huye, porque tú puedes escapar.

Los políticos en Lima no permitieron que se limpiaran los fondos para pasar de diez nudos a doce nudos que hubiese permitido escapar fehacientemente porque los acorazados chilenos sí podían llegar a esas velocidades.

Yéndose el hijo menor, quedando él solo, al mando del Huáscar y todos esos valientes acorazados. Me los imagino vivando el Perú, me los imagino gritando lisuras, me los imagino gritando bravía y sacando energías del mar y su braveza para decir: Me voy contra el más grande, me voy contra el Cochrane, directamente y se enfila en su monitor. Apunta en medio de los seis porque los chilenos no hicieron el primer disparo, el primer disparo lo hizo el Monitor Huáscar y apuntó contra el Cochrane.

Allí esta el gesto de heroicidad, allí esta la Madre Patria haciéndose realidad en la sangre de un hombre tan grande como Miguel Grau, No pasaron ni diez minutos para que el Cochrane disparara con sus enormes, poderosos y modernos cañones para que Grau quedara convertido, simplemente como dice la historia que a veces no esta en los libros, en una parte de rodilla y una boca, que fue lo que finalmente logramos traer al Perú, con los honores que se merece.

Por eso es que las calles y las plazas que llevan su nombre están más que justificadas. Por eso, es que miles de peruanos podemos vivir al día. Por eso, miles de personas que tienen nuestra nacionalidad, han muerto en lo que va en la creación de la patria. Pero hay pocos que al morir dan ese ejemplo de bravura y de patriotismo, por eso es que estamos aquí, hoy 6 de octubre a dos del día central, estamos celebrando este homenaje a Miguel Grau y homenaje que lo hacemos siempre, como todos los años con la ayuda de Pro Marina, con la ayuda de la Marina de Guerra, porque creemos, coincidiendo con el regidor de La Molina, en que a pesar que la cultura nacional nos lleva a otros ejemplos y por otras experiencias mas globalizadas pero alejadas de la historia, creemos que estos eventos deben participar más colegios como una forma de perennizar su memoria.

Creo que a pesar de la modernidad, a pesar de los íconos falsos de la actual sociedad, tengo la fe que estos ejemplos van a perdurar en el tiempo, que la conciencia de los jóvenes, de los niños y de los adultos en general siempre nos llevarán por el camino a recordar a nuestros héroes, creo que esa conciencia se despierta cada vez más cuando el patriotismo y la patria se ven unidas alrededor de muchos íconos como en nuestra gastronomía, no sé si en el fútbol, como lo menciono el amigo regidor de La Molina, no sé si en el fútbol, pero en todo caso si hay que gritar si hay un gol, hay que esforzarse si tiene algo que ver con nuestra patria o nuestra bandera, pero nuestra bandera esta por encima de eso, nuestra patria esta por encima de eso. Y desde Surco apelo a ese silencio, a esa tranquilidad y a esa bravura del mar que convierte a nuestros marinos, amantes del mar, en defensores de su patria. Quiero saludar a la Marina de Guerra del Perú y desear que esa bravura que esta en sus corazones siempre esté presente en la paz y en la guerra para garantizar que el Mar de Grau, así sea un espacio minúsculo que esta en discusión en el sur por la parte terrestre sea defendido, que ese triangulo que dicen que solo son tres, cuatro o cinco hectáreas, ese pedazo de tierra que se discute en el sur y que los militares y marinos saben a que me refiero, es un pedazo del territorio por el que murió Grau, Bolognesi, Alfonso Ugarte, Mariano Santos y muchos otros que están en sus casas, en calles en sus plazas y nos reunimos por ellos mensual o anualmente.

Quiero trasmitirle a la Marina de Guerra del Perú, que continúen en esa fiereza y en esa demostración de que la sangre de Grau recorre sus corazones, su alma y su moral; y en ese sentido reconocer en este aniversario y reconocer en el amor a Grau la heroicidad de todos. Del silencio y el amor a la soledad, al mar, a la naturaleza sea la esencia del patriotismo para defender lo que es nuestro.

Que viva la Marina de Guerra del Perú !

Que viva el Perú !